Personajes Célebres

 

Galileo  Galilei

Christian Huygens

Antonie Van Leeuwenhoek

Emilian Wehrle

Jacob Bäuerle

Auguste-Lucien Vérité

Pierre Jaquet-Droz

Johann Baptist Beha

Ignatz Bruder

Jacques Vaucanson

 

Galileo  Galilei  (1564 – 1642)

El método experimental y de observación directa han servido de base a la ciencia moderna.

Ambos, la experimentación y la observación, fueron utilizados por este genial físico y astrónomo italiano en sus descubrimientos científicos.

Galileo nació en Pisa, Italia, el 15 de febrero de 1564, y murió en Arcetri, cerca de la  ciudad italiana de Florencia.

  

Desde el principio manifestó una gran creatividad, y siendo niño mostró ya una gran habilidad en el diseño de juguetes. Aprendió a tocar el laúd y el órgano,  escribió canciones, poemas, críticas literarias, y destacó incluso como pintor.

Los primeros años en la escuela, los pasó en un monasterio de Florencia. Su padre quería que  fuese médico, y en 1581 Galileo fue a la universidad de Pisa a estudiar medicina.

Allí aprendió medicina y filosofía y más adelante estudió matemáticas donde encontraría la base para investigar las leyes de la Naturaleza.

Cuenta la leyenda, que estando Galileo asistiendo a misa en la catedral de su ciudad natal observó como las lámparas suspendidas se balanceaban movidas por las corrientes de aire. Unas se movían en arcos grandes y rápidos y  otras, en arcos pequeños y lentos.

Contando sus pulsaciones, pudo medir el tiempo que duraba cada oscilación.

Sorprendentemente, el número de pulsaciones era el mismo, tanto si la lámpara oscilaba con un arco grande que con un arco pequeño.

Al regresar a casa, experimentó con bolas de plomo suspendidas de cuerdas con diferentes longitudes.

Observó que el periodo de oscilación, no dependía de la amplitud de la oscilación, ni del peso de las masas de plomo suspendidas. El periodo dependía tan solo de la longitud de la cuerda de la que estaba suspendida la bola de plomo.

Galileo descubrió así la ley del péndulo, y este descubrimiento tendría gran importancia en relojería. La aplicación del péndulo a los relojes mejoró considerablemente su precisión.

Galileo no llegó a obtener el título de médico; a la falta de medios se unía la falta de interés, y tras asistir por casualidad a una clase de geometría descubrió que lo que realmente le interesaba eran la Física y las Matemáticas, no la Medicina.

Fue a Florencia, y tras encontrar un mecenas, comenzó a estudiar el comportamiento de los cuerpos que flotan en el agua. En 1588 regresó a Pisa, y ejerció como profesor de matemáticas en la universidad.

Su interés se centró entonces en el estudio de la caída de los cuerpos. La creencia general en este asunto, según la teoría de Aristóteles, era que la velocidad de caída de los cuerpos era proporcional al peso de estos.

Galileo no creía en esta teoría y pensaba que el rozamiento del aire frenaría la caída de los cuerpos de masa pequeña  y gran superficie.

Hizo un experimento consistente en dejar caer dos esferas de igual tamaño, siendo una de hierro fundido y la otra de madera. El peso de la primera era diez veces superior al de la segunda.

Si la teoría de Aristóteles era correcta, la esfera de hierro fundido debería caer diez veces más deprisa que la de madera.

Tras dejar caer las dos esferas, desde la torre de Pisa según nos cuenta la leyenda, ambas llegaron al suelo simultáneamente. Con este experimento demostró que la teoría de Aristóteles relativa a la caída de los cuerpos no era correcta.

Después de estos experimentos, Galileo se trasladó a la universidad de Papua, donde encontró un empleo mejor.

Rumores llegados de Holanda hablaban de un reciente invento consistente en un tubo con lentes en su interior que permitía ver los objetos distantes como si estuvieran muy cerca. El invento estaba protegido por el gobierno holandés por su interés militar.

Seis meses después, Galileo diseñó y construyó un telescopio; hizo una demostración pública en Venecia con su telescopio causando la admiración de los que miraban por el.

Después construyó otros telescopios que se difundieron por toda Europa.

El telescopio fue un instrumento muy útil a Galileo para estudiar las leyes de la Naturaleza; así, dirigió su telescopio hacia el cielo y descubrió, que en la Luna existían cráteres y montañas, y también descubrió estrellas en la constelación de Orión, que no eran visibles a simple vista.

Pudo observar que el planeta Venus tenía fases como la Luna, y que el Sol poseía manchas.

En 1610, observando el planeta Júpiter, descubrió que había cuatro “estrellas” próximas a él. Tras seguir su rastro noche tras noche, comprobó que se trataba de cuatro lunas que orbitaban en torno a este planeta.

Este descubrimiento, refutaba la vieja creencia de que todos los cuerpos celestes orbitaban en torno a la Tierra, porque aquellas cuatro lunas giraban en torno a Júpiter.

En 1611 viajó a Roma y allí, con su telescopio, mostró a la corte papal, las cuatro lunas de Júpiter, que no orbitaban en torno a la Tierra, sino en torno a aquel planeta. Causó una gran conmoción. Galileo ya había destruido la teoría Aristotélica de la caída de los cuerpos, y ahora venía a destruir la teoría de Aristóteles de que los cielos eran perfectos.

Una parte de la Iglesia defendió a Galileo, otra le atacó.  El se defendió escribiendo artículos en los que tomaba partido por las teorías heliocéntricas de Copérnico, y atacaba sarcásticamente a sus detractores. Galileo tenía una gran habilidad para ridiculizar a sus adversarios.

El papa Pío V ordenó a Galileo que abandonara las teorías de Copérnico, y así lo hizo durante quince años en los que al menos en público no las defendió.

En 1632, bajo el papado de Urbano VIII,  Galileo pensó que la postura de la Iglesia sería menos rígida y publicó su Diálogo sobre los dos mayores sistemas del mundo, donde defendía las teorías de Copérnico. 

La Inquisición le llamó a Roma y tras someterlo a un largo juicio, el anciano Galileo tuvo que negar su teoría, y jurar que la Tierra estaba quieta. Cuenta la leyenda que tras jurar que la Tierra no se movía, musitó: “Y sin embargo se mueve”.

Galileo fue un científico original cuyos descubrimientos e inventos sobrepasaron con mucho la imaginación de las gentes de la Europa de su tiempo.

Su método basado en la observación de los fenómenos de la Naturaleza y sus deducciones a partir de experimentos y pruebas reales constituyen la esencia de la ciencia moderna.

 

Christian Huygens (1629 - 1695)

Astrónomo, físico y matemático holandés, cuyos estudios y descubrimientos lo convirtieron en uno de los científicos más eminentes de su época.

Nació en la Haya, Holanda,  el 14 de abril de 1629.

Su padre Constantin Huygens, fue un importante diplomático holandés, además de literato, poeta, compositor, músico, y traductor del poeta inglés John Done. 

El joven Christian, creció en medio de un ambiente erudito y refinado, lo cual le permitió recibir una educación muy esmerada.

Estudió en las universidades de Breda y Leyden obteniendo los más altos reconocimientos. Aprendió varias lenguas, dibujo, derecho, ciencias, ingeniería, matemáticas y música.

Los intereses del joven Christian eran muchos: “el mundo es mi patria –decía-, la ciencia mi religión”.

La luz, como objeto de investigación científica, era un tema de interés de la época. El microscopio y el telescopio, se desarrollaron en Holanda a principios del siglo XVII, y ampliaron las perspectivas humanas de lo muy grande y de lo muy pequeño.

Las primeras observaciones de átomos y galaxias se remontan a esa época y a ese país.

Antón van Leeuwenhoek (1632 – 1723), inventor del microscopio, frecuentaba la casa de Huygens.

Leeuwenhoek, con tan solo unos pocos años de escuela, descubrió un mundo asombroso. Su afición era fabricar pequeñas lentes que después utilizaba para sus observaciones. Un día, observando una gota de agua putrefacta, descubrió “diminutos animalitos”, que bullían, se alimentaban y reproducían en ella.

Huygens, y Leeuwenhoek, fueron de las primeras personas que observaron al microscopio células de esperma humanas. Observaciones esenciales para comprender el proceso de reproducción humano.

Huygens disfrutaba puliendo lentes para telescopios astronómicos, y construyó uno de cinco metros de longitud. 

Sus descubrimientos en astronomía serían suficientes para situarle en un lugar  destacado dentro de la Historia de la ciencia.

Afirmó la posibilidad de existencia de nubes en el planeta Venus; dibujó un accidente en la superficie de Marte, y calculó la duración del día marciano en base a sus observaciones, en veinticuatro horas. Observó el sistema de anillos del planeta Saturno, y descubrió la mayor luna de este planeta, Titán.

Pero Huygens consiguió otro logro muy importante: fue el primero en incorporar el péndulo al mecanismo de un reloj, iniciando con ello, toda una nueva era en la relojería.

Un problema para la navegación marítima en aquella época era la determinación de la posición de los barcos en alta mar. Dicha posición requería conocer las coordenadas geográficas del barco, esto es: la latitud, y la longitud. No era complicado determinar la latitud, bastando para ello observar el ángulo de elevación de las estrellas sobre el horizonte. Pero la determinación de la longitud, requería disponer a bordo de un reloj de gran precisión. Un reloj preciso a bordo determinaría la hora en el puerto de partida, y la salida y puesta del sol y de las estrellas determinaría el tiempo local de a bordo; la diferencia entre ambos indicaría la longitud correspondiente a la posición del barco.

  

Huygens inventó el reloj de péndulo, cuyo principio fue descubierto por Galileo, y con ello mejoró notablemente la exactitud de los relojes, aunque su aplicación en la navegación no tuvo éxito. Sus investigaciones estimularon los avances posteriores en los cronómetros de marina.

También inventó el resorte espiral de balancín, realizando contribuciones fundamentales en la mecánica.

Las aportaciones de Christian Huygens a la relojería, introdujeron una exactitud nunca antes alcanzada en las observaciones astronómicas y científicas en general.

 

 

Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723)

Van Leeuwenhoek, nació en la ciudad holandesa de Delft, el 24 de octubre de 1632.

Cuando tenía 16 años, murió su padre y tuvo que abandonar la escuela y colocarse como dependiente en una pañería; posteriormente conseguiría un puesto de ujier en el ayuntamiento de Delft, en el que trabajaría hasta el final de sus días.

Las lupas eran  utilizadas entre otras cosas para evaluar la calidad de las telas, y  atrajeron la atención de Leeuwenhoek.

Este tenía la afición de  fabricar pequeñas lentes de vidrio. Pulía diminutas lentes que aumentaban los objetos hasta doscientas veces, sin distorsión.

Era conocido que las lentes aumentaban el tamaño aparente de los objetos, pero la mayoría de los científicos trabajaban con lentes mediocres.

       

Leeuwenhoek, pulía lentes de una calidad excelente. Tras montarlas en placas de cobre, plata u oro, colocaba un objeto al otro lado de la lente y lo miraba durante horas.

Cuando quería observar otro objeto,  pulía otra lente. Se cree que durante su vida llegó a fabricar 419 lentes.

Observaba las cosas más diversas: insectos, gotas de agua, trozos de carne, cabellos, etc., y dibujaba con gran detalle todo lo que veía a través de sus lentes.

En 1683 realizó la que sería probablemente su observación más importante: las bacterias.

El tamaño de las bacterias era demasiado pequeño como para que sus lentes ofrecieran una imagen clara de ellas, pero eso no resta valor a su hallazgo.

Leeuwenhoek escribió muchas cartas a la sociedad científica inglesa, Royal Society, dando cuenta de sus descubrimientos y describiendo  sus lentes.

Es probable que inicialmente los científicos de la Royal Society no dieran crédito a lo les contaba Leeuwenhoek en sus cartas, pero en 1667 el miembro de esta sociedad Robert Hooke (1635 – 1703), construyó microscopios siguiendo las instrucciones de aquel, y pudo ver con sus propios ojos los que el genial Leeuwenhoek  decía.

En 1680 la Royal Society  eligió a Leewenhoek, como miembro de pleno derecho de la misma. Durante su vida envió 375 artículos científicos a la Royal Society y 27 a la Academia Francesa de Ciencias.

Jamás abandonó Delft, pero sus trabajos le hicieron famoso en todo el mundo.

Su curiosidad y la afición a fabricar pequeñas lentes le permitieron descubrir el mundo de lo muy pequeño, un universo desconocido hasta entonces.

 

Emilian Wehrle (1832 – 1896)

Emilian Wehrle nació en 1832, en Schönenbach, Selva Negra, Alemania.

Sus relojes de trompeta, (trumpeter clocks), gozaron de un enorme prestigio, y son aún hoy día muy valorados por los coleccionistas de este tipo de relojes.

                        

Emilian fue un buen estudiante y destacó pronto en la escuela en las materias técnicas.

Trabajó desde muy joven en relojería; su padre fue granjero y relojero.

Emilian escribió un diario en el que relata como creó su empresa de construcción de relojes.  Tras conseguir el dinero suficiente, trabajando como relojero, en 1857 creó su propio negocio relojero.

Nos relata en su diario los difíciles comienzos de su empresa, en la que trabajaba día y noche. En 1858 las cosas comenzaron a ir mejor en su negocio.

Su matrimonio con Norma Wehrle en 1860, influyó en el rumbo de su empresa. Norma era hija de su vecino, F.X.Wehrle, el cual era un fabricante de cajas de música.

Con la ayuda del padre de Norma, Emilian compró un edificio para instalar su fábrica en Furtwangen, Selva Negra, en la calle hoy llamada Baumannstrasse, 25.

La nueva empresa, EMILIAN WEHRLE AND CO., se especializó en relojes de trompeta.

Sin embargo, Emilian siempre andaba experimentando, y eventualmente construyó: relojes flauta (flute clocks), relojes de gallo (rooster call clocks), algún otro reloj con un pájaro cantor mecánico.

           

La producción fue aumentando, siendo en 1864 de 160 relojes y en el año siguiente de 190, entre relojes de trompeta y relojes de cuco.

Su empresa ganó un gran prestigio, y numerosos premios  por la calidad y originalidad de sus relojes, pero cuando Emilian murió en 1896, cesó la producción de relojes de trompeta.

Un cuñado de Emilian siguió con la fábrica, tras la muerte de este, pero problemas financieros obligaron a cambiar la producción, pasando a fabricar pequeñas piezas de mecánica de precisión.

Emilian Wehrle ocupa un importante lugar en la historia de los relojeros alemanes de la Selva  Negra; sus maravillosos relojes pueden verse en algunos museos de relojería de Alemania.

 

Jacob uerle

Jacob Bäuerle, relojero de la Selva Negra, Alemania, construyó relojes de trompeta (trumpeter clocks).

Comenzó utilizando los mecanismos de los relojes de cuco, pero sustituyendo las típicas flautas de los cucos, por sistemas basados en instrumentos de viento.

A la vez que el reloj “daba las horas”, mediante el sonido que producía un fuelle, aparecía un autómata de figura humana tocando una corneta; dicho autómata representaba a veces a un soldado, otras a la persona que hacía sonar la corneta en las estaciones de tren, etc.

Bäuerle, hizo muchas pruebas hasta que pudo conseguir su primer reloj de trompeta; al principio con un único tono, y posteriormente con 2 y 3 tonos.

Sus relojes fueron muy populares, pero el alto precio hacía que compitieran difícilmente con los relojes de cuco, que solían tener un precio inferior.

En 1858, los relojes de Bäuerle fueron premiados en la exposición de la industria relojera de Villingen, Alemania.

 

La tecnología de la época permitía construir movimientos de 8 días cuerda, pero los relojes de Bäuerle solían tener movimientos de un día cuerda.

Un hijo de Jacob, Karl Bäuerle, siguió los pasos de su padre. Continuó fabricando este tipo de relojes de trompeta y realizó importantes mejoras en ellos.

 

Auguste-Lucien Vérité  (1806 – 1887)

Auguste-Lucien Vérité, ingeniero y relojero francés, nació en Beauvais, Francia, el 21 de Octubre de 1806.

Desde muy joven se interesó por la mecánica, y después de sus estudios se estableció como relojero.

A partir de 1824 atrajo la atención del mundo relojero introduciendo una modificación al escape de Graham, que utilizó en algunos relojes de lujo.

A la edad de 26 años Vérité fundó en Beauvais su fábrica de relojería y mecánica. De esta fábrica salieron numerosos relojes monumentales e interesantes invenciones en el campo de la mecánica y la electricidad.

En 1840 presentó un curioso escape libre de fuerza constante para los relojes de gran tamaño.

En 1844 patentó un sistema de sonería de reloj, en el que remplazó el volante regulador de la velocidad por un líquido encerrado en 2 cilindros.

En 1853, expuso ante la Academia de Ciencias francesa, un gran regulador con escape libre eléctrico de fuerza constante.

En el desarrollo de la red francesa de ferrocarril, Vérité hizo numerosas contribuciones en cuanto a la señalización eléctrica, y transmisión de la hora, etc.

Construyó el impresionante reloj astronómico de la catedral de Besançon, así como el de la catedral de Beauvais, y el del palacio de Justicia de Beauvais.

Además de sus realizaciones en el mundo de la mecánica, son de destacar sus originales trabajos sobre la sincronización de relojes por la electricidad.

Puede considerarse a Auguste-Lucien Vérité uno de los pioneros de la relojería eléctrica.

 

Pierre Jaquet-Droz  (1721 – 1790)

Pierre Jaquet-Droz, constructor de autómatas y relojes, nació en La Chaux-de-Fonds, Suiza, el 28 de julio de 1721.

Entre 1738 y 1740 estudió filosofía en la universidad de Bâle, Suiza.

Hay constancia de un contrato con fecha 22 octubre de 1747, de un reloj que Pierre construyó; en esa fecha Pierre tenía 26 años y podría tratarse de su primera obra.

En 1750 contrajo matrimonio con Marianne Sandoz-Gendre, hija de Abraham Louis Sandoz.

Pierre realizó un viaje a Paris en 1753 donde perfeccionó sus conocimientos sobre mecánica y relojería.

En 1755 Marianne murió, dejando a Pierre Jaquet Droz 3 hijos pequeños: Henri-Louis, Julie y Charlotte.

Henri-Louis, colaborador de Pierre, falleció un año después de la muerte de Pierre, víctima de  tisis.

Pierre Jaquet-Droz y su hijo Henri-Louis construyeron numerosos relojes, que incorporaban ingeniosos mecanismos y autómatas. Sus relojes causaron la admiración de las gentes de la época.

Matemáticos eruditos, relojeros de talento y mecánicos incomparables, los Jaquet-Droz construyeron obras que dieron un impulso enorme a la relojería suiza.

Sus obras tuvieron numerosos imitadores, y gozan aún hoy de un enorme interés para los coleccionistas.

Uno de los relojes que construyó Pierre Jaquet-Droz fue el conocido como el Pastor,  espectacular reloj con autómatas que puede verse en el Palacio Real de Madrid.

El propio Pierre, en compañía de Abraham Louis Sandoz y de Jacques Gevril, realizaron un viaje desde Suiza a España, en 1758-1759, para entregar el Pastor y varios relojes más, al rey de España Fernando VI.

El diario de Abraham Louis Sandoz, nos cuenta muchas anécdotas de ese viaje.

Además de los relojes, Pierre construyó 3 androides que aún pueden verse en Museo de Historia de Neuchatel, Suiza. Se trata de 3 autómatas llamados: la pianista, el dibujante, y el escribiente.

  

Estos autómatas mecánicos “viajaron”, por toda Europa, desde 1774 en que se presentaron por primera vez en La Chaux-de-Fonds. Fueron llevados a París, Bruselas, Londres, y Madrid, entre otras ciudades, donde causaron la admiración de cuantos los contemplaban.

La pianista, tocando un clavecín, el dibujante trazando dibujos y el escribiente anotando una tras otra las letras para componer una frase, realizaban además movimientos con la cabeza, ojos, etc.

Existió otro artilugio con autómatas, construido también por Pierre Jaquet-Droz, llamado la Gruta, pero de ella solo queda la información de un anuncio en el que se describen los autómatas que la componían. Dichos autómatas escenificaban un tema pastoril.

En 1787 los autómatas fueron comprados a Jaquet-Droz por empresarios españoles, y estuvieron en España hasta 1812.

Según parece, desde 1812 hasta 1906 los androides siguieron su peculiar “viaje” por Europa, divirtiendo a cuantos observaban sus “habilidades”.

En 1906, la Sociedad de Historia y Arqueología suiza convocó una suscripción pública, y solicitó un subsidio del Gobierno de la Confederación Helvética, para obtener los 75000 francos que costó su compra para devolver los androides a su país de origen, Suiza.

Pierre Jaquet-Droz se distinguió por sus asombrosas obras, en las que plasmó los principios más delicados de la mecánica y la relojería. Sus androides dan prueba de ello.

 

Johann Baptist Beha  (1815 – 1898)

Johann Baptist Beha  fue uno de los mejores fabricantes de relojes de cuco de la Selva Negra, Alemania.

 

Nació en Oberbränd, Selva Negra, en 1815; su padre Vinzenz Beha (1784 – 1868),  también construyó relojes de cuco del primitivo modelo llamado Lackshild.

Johann Baptist aprendió el arte de construir relojes de cuco en el taller de su padre, y probablemente perfeccionó sus conocimientos con otros relojeros de la Selva Negra.

      

Johann fue lo que podríamos considerar el  típico relojero de la Selva Negra; con unos conocimientos técnicos limitados, pero también con una gran creatividad, experimentó, inventó y encontró soluciones a problemas técnicos que aún hoy nos siguen pareciendo asombrosos.

Entre 1839 y 1845 Johann construyó 365 relojes, en el taller de su padre.

  

En 1845 estableció su propio taller de relojería, en Eisenbach, donde comenzaría la producción de sus famosos relojes.

Contactó con Gordian Hettich, vendedor de relojes de Furtwangen. Gordian resultó muy útil Johann en la comercialización de los relojes Beha, y una interesante fuente de información sobre relojería.

 

Johann fue el primero en la Selva Negra que produjo relojes de cuco con movimiento de resortes de 50 horas cuerda. También fue el primero en producir movimientos con doble fusee de 8 días cuerda.

En 1850 Beha comenzó a construir relojes de cuco con caja cuadrada y una pintura en su frontal; en algunos existía una pintura de una persona o un animal, en el cual un sencillo mecanismo acoplado al péndulo,  movía los ojos de la figura representada en la pintura.

Johann comenzó a fabricar relojes de cuco con cajas que tenían tallas de madera, hacia 1865. Las tallas de madera estaban hechas con gran detalle, y daban a los relojes de cuco el aspecto de auténticas obras de arte.

Las tallas en ocasiones representaban ciervos, pájaros, hojas, ramas, etc; otras veces el estilo era completamente diferente, y las tallas representaban iglesias con elementos de estilo gótico.

    

Los hijos de Johann, Lorenz Beha (1865 – 1941) y Engelbert Beha (1866- 1949), continuaron con la tradición familiar y siguieron construyendo relojes de cuco.

Los relojes Beha gozaron de gran prestigio y fueron exhibidos internacionalmente en  ferias, obteniendo premios por la calidad de los mismos: Viena(1873), Londres (1862), Paris (1867), Villingen (1858),  Philadelphia (1876).

Igualmente la firma Beha recibió premios a su labor en: Karsruhe (1861), Karlsruhe(1877), Londres (1885), Freiburg (1887), Chicago (1893), Strasbourg (1895).

Tras la exhibición de los relojes Beha en Philadelphia en 1876, Lorenz y Engelbert Beha, refundaron la empresa familiar que pasó a llamarse  Johann B. Beha and Söhne.

La palabra Beha referida a relojes de cuco, es sinónimo de una excelente calidad.

Los Beha nunca fueron relojes “producidos en masa”; la producción fue más bien limitada, y centrada siempre en conseguir una calidad excelente.

Johann Baptist Beha, y sus hijos Lorenz y Engelbert, forman parte de la historia de la Relojería de la Selva Negra y su legado son sus magníficos relojes de cuco que aún hoy pueden apreciarse en museos, y colecciones privadas.

 

Ignatz Bruder  (1780 – 1845)

Ignatz Bruder fue el primero de una familia de constructores de instrumentos de música mecánica: relojes flauta, organillos, y órganos.

Nació en Unterharmersbach, Selva Negra, el 31 de enero de 1780. Creció en un ambiente pobre, y  no tuvo los medios para conseguir una buena formación académica.

En 1797 se trasladó a Francia para trabajar. En las ciudades francesas de Nancy y Mirecourt, trabajó como  en la construcción.

En estas ciudades se fabricaban pequeños organillos, que atrajeron la atención del joven Ignatz.

Al lado de donde vivió, en una modesta habitación alquilada, se encontraba un taller de organillos, que despertaron su interés por la música mecánica.

Ignatz Bruder, estuvo  2 años en Francia, y tras ese periodo, regresó a Simonswald en la Selva Negra, donde siguió trabajando en la construcción, y también como relojero durante el invierno.

Hacia 1806 construyó el que sería su primer reloj flauta al que llamaría reloj de órgano.

En Simonswald, fundó junto con sus hijos un taller para fabricar relojes flauta.

En el aspecto familiar, la vida de Ignatz no debió ser fácil; de sus 18 hijos, 10 murieron antes de los 21 años.

En 1834 trasladó su taller a Waldkirch, donde continuó fabricando relojes flauta y organillos.

     

En los últimos años de su vida construyó órganos para iglesia, pero no tuvieron éxito.

Por esa época, fue víctima de una estafa de un fraudulento inventor de maquinaria agrícola, y perdió mucho dinero. A pesar de este desastre económico pudo continuar con su empresa.

Ignatz murió en 1845, dejando la empresa familiar a sus hijos.

Dejó sus conocimientos y experiencia, a sus hijos, en unos escritos que posiblemente son de 1809: 72 páginas manuscritas, llenas de notas, esquemas, dibujos,  lista de materiales, direcciones, en las que recogía toda la información necesaria para la construcción de relojes flauta.

En 1829, publicó un libro en el que describe el arte de construir órganos.

Los hijos de Ignatz Bruder, construyeron en 1864 una gran fábrica en Waldkirch, que dio a esta ciudad un gran prestigio en arte de la construcción de órganos.

 

Jacques Vaucanson (1709 – 1782)

Vaucanson fue un célebre constructor de autómatas francés, autor del famoso autómata “el Pato”  (Le Canard de Vaucanson).

 

Jacques Vaucanson, nació en Grenoble, Francia, el 24 de febrero de 1709.

Realizó sus primeros estudios en lo que hoy es el Licée Stendhal, en Grenoble.

En 1735 Vaucanson fue a Paris; tenía 26 años y cargado de ideas filosóficas, se interesó por la reproducción artificial de la vida.

Sus primeros trabajos fueron “anatomías móviles” que no terminó por falta de medios.

Soñaba, según consta en un documento oficial, “con construir máquinas capaces de excitar la curiosidad del público”.

En 1738 Vaucanson presentó ante la Academia de Ciencias francesa su primer autómata, “Joueur de Flûte”, un androide  capaz de tocar una flauta interpretando hasta 12 obras; simultáneamente presentó una Memoria explicativa del androide.

R.Juvigny, contemporáneo de Vaucanson, cuenta a propósito de las primeras exhibiciones públicas del “Flautista de Vaucanson”:

 “En los primeros días, en los que apareció, las gentes no querían creer que era la flauta que tenía el autómata,  la que sonaba. Se imaginaban que había  un órgano alemán encerrado en el cuerpo de la figura. Los más incrédulos fueron pronto convencidos de que el autómata tocaba realmente la flauta, que el viento que salía de sus labios la hacía sonar; y que el movimiento de sus dedos formaba las diferentes notas. La máquina fue sometida al exámen más escrupuloso y a las pruebas más decisivas; fue permitido a todos los Espectadores ver los resortes más escondidos y seguir su ejecución”.

  

Vaucanson cuenta en la Memoria del Flautista, que la idea de construirlo llevaba tiempo en su cabeza, pero no quiso comenzar su construcción hasta haber estudiado a fondo toda la técnica de ejecución de este instrumento.

Se fija especialmente en la forma de poner los labios y la presión de aire a aplicar para obtener las notas graves o los tonos agudos., pasando de una octava a otra por simple movimiento de los labios y por la modificación de la velocidad del viento a la entrada de la flauta.

La primera parte de la Memoria se centra en el estudio de la técnica de tocar la flauta y la segunda del mecanismo propiamente dicho.

Un año más tarde construyó “The Tambourine Player" y su obra más famosa "Le Canard", (el Pato).

El autómata “el Pato”, consistía en un autómata que representaba a un pato que era capaz de mover las alas, “comer y digerir granos”. Tenía del orden de 400 piezas e imitaba fielmente los movimientos de un pato.

Este autómata tuvo un enorme éxito cuando se presentó en Francia; tiempo después Vaucanson lo vendió a empresarios que exhibieron al autómata en Inglaterra y Alemania. También fue exhibido en San Petesburgo, dentro de su particular viaje, en el que causaba la admiración de cuantos lo veían.

Hay testimonios de personas que muchos años después se interesaron por averiguar el destino de este singular autómata, que nos indican que tras un deplorable estado de conservación fue paulatinamente degradándose por erróneas tareas de reparación.

“El pato” desapareció finalmente, pero  han sobrevivido al paso del tiempo algunas imágenes de de esta ingeniosa obra de Vaucanson.

  

En Grenoble se encuentra “El Museo de autómatas de Grenoble”, donde se exhiben ingeniosos autómatas y una reproducción de “Le Canard de Vaucanson”.

Hacia el final de su vida, Vaucanson ingresó en la Academia de Ciencias francesa.

Murio en París, en 1782.

Soñó con la reproducción artificial de la vida, e hizo realidad sus sueños construyendo sus fantásticos autómatas.

 

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