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Personajes Célebres
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El método
experimental y de observación directa han servido de base a la
ciencia moderna. Ambos, la
experimentación y la observación, fueron utilizados por este genial
físico y astrónomo italiano en sus descubrimientos científicos. Galileo nació en Pisa, Italia, el 15 de febrero de 1564, y murió en Arcetri, cerca de la ciudad italiana de Florencia. Desde el principio manifestó una gran creatividad, y siendo niño mostró ya una gran habilidad en el diseño de juguetes. Aprendió a tocar el laúd y el órgano, escribió canciones, poemas, críticas literarias, y destacó incluso como pintor. Los primeros años en
la escuela, los pasó en un monasterio de Florencia. Su padre quería
que fuese médico, y en
1581 Galileo fue a la universidad de Pisa a estudiar medicina. Allí aprendió
medicina y filosofía y más adelante estudió matemáticas donde
encontraría la base para investigar las leyes de la Naturaleza. Cuenta la leyenda, que
estando Galileo asistiendo a misa en la catedral de su ciudad natal
observó como las lámparas suspendidas se balanceaban movidas por las
corrientes de aire. Unas se movían en arcos grandes y rápidos y otras, en arcos pequeños y lentos. Contando sus
pulsaciones, pudo medir el tiempo que duraba cada oscilación. Sorprendentemente, el
número de pulsaciones era el mismo, tanto si la lámpara oscilaba con
un arco grande que con un arco pequeño. Al regresar a casa,
experimentó con bolas de plomo suspendidas de cuerdas con diferentes
longitudes. Observó que el
periodo de oscilación, no dependía de la amplitud de la oscilación,
ni del peso de las masas de plomo suspendidas. El periodo dependía
tan solo de la longitud de la cuerda de la que estaba suspendida la
bola de plomo. Galileo descubrió así
la
ley del péndulo, y este descubrimiento tendría gran
importancia en relojería. La aplicación del péndulo a los relojes
mejoró considerablemente su precisión. Galileo no llegó a
obtener el título de médico; a la falta de medios se unía la falta
de interés, y tras asistir por casualidad a una clase de geometría
descubrió que lo que realmente le interesaba eran la Física y las
Matemáticas, no la Medicina. Fue a Florencia, y
tras encontrar un mecenas, comenzó a estudiar el comportamiento de
los cuerpos que flotan en el agua. En 1588 regresó a Pisa, y ejerció
como profesor de matemáticas en la universidad. Su interés se centró
entonces en el estudio de la caída de los cuerpos. La creencia
general en este asunto, según la teoría de Aristóteles, era que la
velocidad de caída de los cuerpos era proporcional al peso de estos. Galileo no creía en
esta teoría y pensaba que el rozamiento del aire frenaría la caída
de los cuerpos de masa pequeña y
gran superficie. Hizo un experimento
consistente en dejar caer dos esferas de igual tamaño, siendo una de
hierro fundido y la otra de madera. El peso de la primera era diez
veces superior al de la segunda. Si la teoría de Aristóteles
era correcta, la esfera de hierro fundido debería caer diez veces más
deprisa que la de madera. Tras dejar caer las dos esferas, desde la torre de Pisa según nos cuenta la leyenda, ambas llegaron al suelo simultáneamente. Con este experimento demostró que la teoría de Aristóteles relativa a la caída de los cuerpos no era correcta. Después de estos experimentos, Galileo se trasladó a la universidad de Papua, donde encontró un empleo mejor. Rumores llegados de Holanda hablaban de un reciente invento consistente en un tubo con lentes en su interior que permitía ver los objetos distantes como si estuvieran muy cerca. El invento estaba protegido por el gobierno holandés por su interés militar. Seis meses después, Galileo diseñó y construyó un telescopio; hizo una demostración pública en Venecia con su telescopio causando la admiración de los que miraban por el.
Después construyó
otros telescopios que se difundieron por toda Europa. El telescopio fue un
instrumento muy útil a Galileo para estudiar las leyes de la
Naturaleza; así, dirigió su telescopio hacia el cielo y descubrió,
que en la Luna existían cráteres y montañas, y también descubrió
estrellas en la constelación de Orión, que no eran visibles a simple
vista. Pudo observar que el
planeta Venus tenía fases como la Luna, y que el Sol poseía manchas. En 1610, observando el
planeta Júpiter, descubrió que había cuatro “estrellas” próximas
a él. Tras seguir su rastro noche tras noche, comprobó que se
trataba de cuatro lunas que orbitaban en torno a este planeta. Este descubrimiento,
refutaba la vieja creencia de que todos los cuerpos celestes orbitaban
en torno a la Tierra, porque aquellas cuatro lunas giraban en torno a
Júpiter. En 1611 viajó a Roma
y allí, con su telescopio, mostró a la corte papal, las cuatro lunas
de Júpiter, que no orbitaban en torno a la Tierra, sino en torno a
aquel planeta. Causó una gran conmoción. Galileo ya había destruido
la teoría Aristotélica de la caída de los cuerpos, y ahora venía a
destruir la teoría de Aristóteles de que los cielos eran perfectos. Una parte de la
Iglesia defendió a Galileo, otra le atacó.
El se defendió escribiendo artículos en los que tomaba
partido por las teorías heliocéntricas de Copérnico, y atacaba sarcásticamente
a sus detractores. Galileo tenía una gran habilidad para ridiculizar
a sus adversarios. El papa Pío V ordenó
a Galileo que abandonara las teorías de Copérnico, y así lo hizo
durante quince años en los que al menos en público no las defendió. En 1632, bajo el
papado de Urbano VIII, Galileo
pensó que la postura de la Iglesia sería menos rígida y publicó su
Diálogo
sobre los dos mayores sistemas del mundo, donde defendía las
teorías de Copérnico. La Inquisición le
llamó a Roma y tras someterlo a un largo juicio, el anciano Galileo
tuvo que negar su teoría, y jurar que la Tierra estaba quieta. Cuenta
la leyenda que tras jurar que la Tierra no se movía, musitó: “Y
sin embargo se mueve”. Galileo fue un científico
original cuyos descubrimientos e inventos sobrepasaron con mucho la
imaginación de las gentes de la Europa de su tiempo. Su método basado en la observación de los fenómenos de la Naturaleza y sus deducciones a partir de experimentos y pruebas reales constituyen la esencia de la ciencia moderna.
Christian Huygens (1629 - 1695) Astrónomo, físico y matemático holandés, cuyos estudios y descubrimientos lo convirtieron en uno de los científicos más eminentes de su época.
Nació en la Haya,
Holanda, el 14 de abril
de 1629. Su padre Constantin
Huygens, fue un importante diplomático holandés, además de
literato, poeta, compositor, músico, y traductor del poeta inglés
John Done. El joven Christian,
creció en medio de un ambiente erudito y refinado, lo cual le permitió
recibir una educación muy esmerada. Estudió en las
universidades de Breda y Leyden obteniendo los más altos
reconocimientos. Aprendió varias lenguas, dibujo, derecho, ciencias,
ingeniería, matemáticas y música. Los intereses del
joven Christian eran muchos: “el
mundo es mi patria –decía-,
la ciencia mi religión”. La luz, como objeto de
investigación científica, era un tema de interés de la época. El
microscopio y el telescopio, se desarrollaron en Holanda a principios
del siglo XVII, y ampliaron las perspectivas humanas de lo muy grande
y de lo muy pequeño. Las primeras
observaciones de átomos y galaxias se remontan a esa época y a ese
país. Antón van Leeuwenhoek
(1632 – 1723), inventor del microscopio, frecuentaba la casa de
Huygens. Leeuwenhoek, con tan
solo unos pocos años de escuela, descubrió un mundo asombroso. Su
afición era fabricar pequeñas lentes que después utilizaba para sus
observaciones. Un día, observando una gota de agua putrefacta,
descubrió “diminutos animalitos”, que bullían, se alimentaban y
reproducían en ella. Huygens, y
Leeuwenhoek, fueron de las primeras personas que observaron al
microscopio células de esperma humanas. Observaciones esenciales para
comprender el proceso de reproducción humano. Huygens disfrutaba
puliendo lentes para telescopios astronómicos, y construyó uno de
cinco metros de longitud. Sus descubrimientos en
astronomía serían suficientes para situarle en un lugar destacado dentro de la Historia de la ciencia. Afirmó la posibilidad
de existencia de nubes en el planeta Venus; dibujó un accidente en la
superficie de Marte, y calculó la duración del día marciano en base
a sus observaciones, en veinticuatro horas. Observó el sistema de
anillos del planeta Saturno, y descubrió la mayor luna de este
planeta, Titán. Pero Huygens consiguió
otro logro muy importante: fue el primero en incorporar el péndulo al
mecanismo de un reloj, iniciando con ello, toda una nueva era en la
relojería. Un problema para la navegación marítima en aquella época era la determinación de la posición de los barcos en alta mar. Dicha posición requería conocer las coordenadas geográficas del barco, esto es: la latitud, y la longitud. No era complicado determinar la latitud, bastando para ello observar el ángulo de elevación de las estrellas sobre el horizonte. Pero la determinación de la longitud, requería disponer a bordo de un reloj de gran precisión. Un reloj preciso a bordo determinaría la hora en el puerto de partida, y la salida y puesta del sol y de las estrellas determinaría el tiempo local de a bordo; la diferencia entre ambos indicaría la longitud correspondiente a la posición del barco.
Huygens inventó el
reloj de péndulo, cuyo principio fue descubierto por Galileo, y con
ello mejoró notablemente la exactitud de los relojes, aunque su
aplicación en la navegación no tuvo éxito. Sus investigaciones
estimularon los avances posteriores en los cronómetros de marina. También inventó el
resorte espiral de balancín, realizando contribuciones fundamentales
en la mecánica. Las aportaciones de Christian Huygens a la relojería, introdujeron una exactitud nunca antes alcanzada en las observaciones astronómicas y científicas en general.
Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723) Van Leeuwenhoek, nació
en la ciudad holandesa de Delft, el 24 de octubre de 1632. Cuando tenía 16 años,
murió su padre y tuvo que abandonar la escuela y colocarse como
dependiente en una pañería; posteriormente conseguiría un puesto de
ujier en el ayuntamiento de Delft, en el que trabajaría hasta el
final de sus días. Las lupas eran
utilizadas entre otras cosas para evaluar la calidad de las
telas, y atrajeron la
atención de Leeuwenhoek. Este tenía la afición
de fabricar pequeñas
lentes de vidrio. Pulía diminutas lentes que aumentaban los objetos
hasta doscientas veces, sin distorsión. Era conocido que las
lentes aumentaban el tamaño aparente de los objetos, pero la mayoría
de los científicos trabajaban con lentes mediocres.
Leeuwenhoek, pulía
lentes de una calidad excelente. Tras montarlas en placas de cobre,
plata u oro, colocaba un objeto al otro lado de la lente y lo miraba
durante horas. Cuando quería observar
otro objeto, pulía otra
lente. Se cree que durante su vida llegó a fabricar 419 lentes. Observaba las cosas más
diversas: insectos, gotas de agua, trozos de carne, cabellos, etc., y
dibujaba con gran detalle todo lo que veía a través de sus lentes. En 1683 realizó la que
sería probablemente su observación más importante: las bacterias. El tamaño de las
bacterias era demasiado pequeño como para que sus lentes ofrecieran una
imagen clara de ellas, pero eso no resta valor a su hallazgo. Leeuwenhoek escribió
muchas cartas a la sociedad científica inglesa, Royal Society, dando
cuenta de sus descubrimientos y describiendo
sus lentes. Es probable que
inicialmente los científicos de la Royal Society no dieran crédito a
lo les contaba Leeuwenhoek en sus cartas, pero en 1667 el miembro de
esta sociedad Robert Hooke (1635 – 1703), construyó microscopios
siguiendo las instrucciones de aquel, y pudo ver con sus propios ojos
los que el genial Leeuwenhoek decía. En 1680 la Royal Society
eligió a Leewenhoek, como miembro de pleno derecho de la misma.
Durante su vida envió 375 artículos científicos a la Royal Society y
27 a la Academia Francesa de Ciencias. Jamás abandonó Delft,
pero sus trabajos le hicieron famoso en todo el mundo. Su curiosidad y la afición a fabricar pequeñas lentes le permitieron descubrir el mundo de lo muy pequeño, un universo desconocido hasta entonces.
Emilian Wehrle nació en
1832, en Schönenbach, Selva Negra, Alemania. Sus relojes de trompeta, (trumpeter clocks), gozaron de un enorme prestigio, y son aún hoy día muy valorados por los coleccionistas de este tipo de relojes.
Emilian fue un buen
estudiante y destacó pronto en la escuela en las materias técnicas. Trabajó desde muy joven
en relojería; su padre fue granjero y relojero. Emilian escribió un
diario en el que relata como creó su empresa de construcción de
relojes. Tras conseguir el
dinero suficiente, trabajando como relojero, en 1857 creó su propio
negocio relojero. Nos relata en su diario los difíciles comienzos de su empresa, en la que trabajaba día y noche. En 1858 las cosas comenzaron a ir mejor en su negocio. Su matrimonio con Norma
Wehrle en 1860, influyó en el rumbo de su empresa. Norma era hija de su
vecino, F.X.Wehrle, el cual era un fabricante de cajas de música. Con la ayuda del padre
de Norma, Emilian compró un edificio para instalar su fábrica en
Furtwangen, Selva Negra, en la calle hoy llamada Baumannstrasse, 25. La nueva empresa,
EMILIAN WEHRLE AND CO., se especializó en relojes de trompeta. Sin embargo, Emilian siempre andaba experimentando, y eventualmente construyó: relojes flauta (flute clocks), relojes de gallo (rooster call clocks), algún otro reloj con un pájaro cantor mecánico.
La producción fue
aumentando, siendo en 1864 de 160 relojes y en el año siguiente de 190,
entre relojes de trompeta y relojes de cuco. Su empresa ganó un gran
prestigio, y numerosos premios por
la calidad y originalidad de sus relojes, pero cuando Emilian murió en
1896, cesó la producción de relojes de trompeta. Un cuñado de Emilian
siguió con la fábrica, tras la muerte de este, pero problemas
financieros obligaron a cambiar la producción, pasando a fabricar pequeñas
piezas de mecánica de precisión. Emilian Wehrle ocupa un importante lugar en la historia de los relojeros alemanes de la Selva Negra; sus maravillosos relojes pueden verse en algunos museos de relojería de Alemania.
Jacob Bäuerle, relojero
de la Selva Negra, Alemania, construyó relojes de trompeta (trumpeter
clocks). Comenzó utilizando los
mecanismos de los relojes de cuco, pero sustituyendo las típicas
flautas de los cucos, por sistemas basados en instrumentos de viento. A la vez que el reloj
“daba las horas”, mediante el sonido que producía un fuelle, aparecía
un autómata de figura humana tocando una corneta; dicho autómata
representaba a veces a un soldado, otras a la persona que hacía sonar
la corneta en las estaciones de tren, etc. Bäuerle, hizo muchas
pruebas hasta que pudo conseguir su primer reloj de trompeta; al
principio con un único tono, y posteriormente con 2 y 3 tonos. Sus relojes fueron muy
populares, pero el alto precio hacía que compitieran difícilmente con
los relojes de cuco, que solían tener un precio inferior. En 1858, los relojes de Bäuerle fueron premiados en la exposición de la industria relojera de Villingen, Alemania. La tecnología de la época
permitía construir movimientos de 8 días cuerda, pero los relojes de Bäuerle
solían tener movimientos de un día cuerda. Un hijo de Jacob, Karl Bäuerle, siguió los pasos de su padre. Continuó fabricando este tipo de relojes de trompeta y realizó importantes mejoras en ellos.
Auguste-Lucien
Vérité (1806 – 1887) Auguste-Lucien Vérité,
ingeniero y relojero francés, nació en Beauvais, Francia, el 21 de
Octubre de 1806. Desde muy joven se interesó por la mecánica, y después de sus estudios se estableció como relojero.
A partir de 1824 atrajo
la atención del mundo relojero introduciendo una modificación al
escape de Graham, que utilizó en algunos relojes de lujo. A la edad de 26 años Vérité
fundó en Beauvais su fábrica de relojería y mecánica. De esta fábrica
salieron numerosos relojes monumentales e interesantes invenciones en el
campo de la mecánica y la electricidad. En 1840 presentó un curioso escape libre de fuerza constante para los relojes de gran tamaño. En 1844 patentó un
sistema de sonería de reloj, en el que remplazó el volante regulador
de la velocidad por un líquido encerrado en 2 cilindros. En 1853, expuso ante la
Academia de Ciencias francesa, un gran regulador con escape libre eléctrico
de fuerza constante. En el desarrollo de la
red francesa de ferrocarril, Vérité hizo numerosas contribuciones en
cuanto a la señalización eléctrica, y transmisión de la hora, etc. Construyó el
impresionante reloj astronómico de la catedral de Besançon, así como
el de la catedral de Beauvais, y el del palacio de Justicia de Beauvais. Además de sus
realizaciones en el mundo de la mecánica, son de destacar sus
originales trabajos sobre la sincronización de relojes por la
electricidad. Puede considerarse a Auguste-Lucien Vérité uno de los pioneros de la relojería eléctrica.
Pierre
Jaquet-Droz (1721 – 1790) Pierre Jaquet-Droz, constructor de autómatas y relojes, nació en La Chaux-de-Fonds, Suiza, el 28 de julio de 1721.
Entre 1738 y 1740 estudió
filosofía en la universidad de Bâle, Suiza. Hay constancia de un
contrato con fecha 22 octubre de 1747, de un reloj que Pierre construyó;
en esa fecha Pierre tenía 26 años y podría tratarse de su primera
obra. En 1750 contrajo
matrimonio con Marianne Sandoz-Gendre, hija de Abraham Louis Sandoz. Pierre realizó un viaje
a Paris en 1753 donde perfeccionó sus conocimientos sobre mecánica y
relojería. En 1755 Marianne murió,
dejando a Pierre Jaquet Droz 3 hijos pequeños: Henri-Louis, Julie y
Charlotte. Henri-Louis, colaborador
de Pierre, falleció un año después de la muerte de Pierre, víctima
de tisis. Pierre Jaquet-Droz y su
hijo Henri-Louis construyeron numerosos relojes, que incorporaban
ingeniosos mecanismos y autómatas. Sus relojes causaron la admiración
de las gentes de la época. Matemáticos eruditos, relojeros de talento y mecánicos incomparables, los Jaquet-Droz construyeron obras que dieron un impulso enorme a la relojería suiza. Sus obras tuvieron
numerosos imitadores, y gozan aún hoy de un enorme interés para los
coleccionistas. Uno de los relojes que
construyó Pierre Jaquet-Droz fue el conocido como el
Pastor, espectacular
reloj con autómatas que puede verse en el Palacio Real de Madrid. El propio Pierre, en
compañía de Abraham Louis Sandoz y de Jacques Gevril, realizaron un
viaje desde Suiza a España, en 1758-1759, para entregar el
Pastor y varios relojes más, al rey de España Fernando VI. El diario de Abraham
Louis Sandoz, nos cuenta muchas anécdotas de ese viaje. Además de los relojes, Pierre construyó 3 androides que aún pueden verse en Museo de Historia de Neuchatel, Suiza. Se trata de 3 autómatas llamados: la pianista, el dibujante, y el escribiente.
Estos autómatas mecánicos “viajaron”, por toda Europa, desde 1774 en que se presentaron por primera vez en La Chaux-de-Fonds. Fueron llevados a París, Bruselas, Londres, y Madrid, entre otras ciudades, donde causaron la admiración de cuantos los contemplaban.
La pianista, tocando un clavecín, el dibujante trazando dibujos y el escribiente anotando una tras otra las letras para componer una frase, realizaban además movimientos con la cabeza, ojos, etc.
Existió otro artilugio
con autómatas, construido también por Pierre Jaquet-Droz, llamado la
Gruta, pero de ella solo queda la información de un anuncio en
el que se describen los autómatas que la componían. Dichos autómatas
escenificaban un tema pastoril. En 1787 los autómatas
fueron comprados a Jaquet-Droz por empresarios españoles, y estuvieron
en España hasta 1812. Según parece, desde
1812 hasta 1906 los androides siguieron su peculiar “viaje” por
Europa, divirtiendo a cuantos observaban sus “habilidades”. En 1906, la Sociedad de
Historia y Arqueología suiza convocó una suscripción pública, y
solicitó un subsidio del Gobierno de la Confederación Helvética, para
obtener los 75000 francos que costó su compra para devolver los
androides a su país de origen, Suiza.
Johann
Baptist Beha (1815 –
1898) Johann Baptist Beha fue uno de los mejores fabricantes de relojes de cuco de la Selva Negra, Alemania. Nació en Oberbränd,
Selva Negra, en 1815; su padre Vinzenz Beha (1784 – 1868),
también construyó relojes de cuco del primitivo modelo llamado
Lackshild. Johann Baptist aprendió el arte de construir relojes de cuco en el taller de su padre, y probablemente perfeccionó sus conocimientos con otros relojeros de la Selva Negra. Johann fue lo que podríamos considerar el típico relojero de la Selva Negra; con unos conocimientos técnicos limitados, pero también con una gran creatividad, experimentó, inventó y encontró soluciones a problemas técnicos que aún hoy nos siguen pareciendo asombrosos. Entre 1839 y 1845 Johann construyó 365 relojes, en el taller de su padre. En 1845 estableció su
propio taller de relojería, en Eisenbach, donde comenzaría la producción
de sus famosos relojes. Contactó con Gordian Hettich, vendedor de relojes de Furtwangen. Gordian resultó muy útil Johann en la comercialización de los relojes Beha, y una interesante fuente de información sobre relojería. Johann fue el primero en
la Selva Negra que produjo relojes de cuco con movimiento de resortes de
50 horas cuerda. También fue el primero en producir movimientos con
doble fusee de 8 días cuerda. En 1850 Beha comenzó a construir
relojes de cuco con caja cuadrada y una pintura en su frontal; en
algunos existía una pintura de una persona o un animal, en el cual un
sencillo mecanismo acoplado al péndulo,
movía los ojos de la figura representada en la pintura. Johann comenzó a
fabricar relojes de cuco con cajas que tenían tallas de madera, hacia
1865. Las tallas de madera estaban hechas con gran detalle, y daban a
los relojes de cuco el aspecto de auténticas obras de arte. Las tallas en ocasiones representaban ciervos, pájaros, hojas, ramas, etc; otras veces el estilo era completamente diferente, y las tallas representaban iglesias con elementos de estilo gótico. Los hijos de Johann,
Lorenz Beha (1865 – 1941) y Engelbert Beha (1866- 1949), continuaron
con la tradición familiar y siguieron construyendo relojes de cuco. Los relojes Beha gozaron
de gran prestigio y fueron exhibidos internacionalmente en ferias, obteniendo premios por la calidad de los mismos:
Viena(1873), Londres (1862), Paris (1867), Villingen (1858), Philadelphia
(1876). Igualmente la firma Beha
recibió premios a su labor en: Karsruhe (1861), Karlsruhe(1877),
Londres (1885), Freiburg (1887), Chicago (1893), Strasbourg (1895). Tras la exhibición de
los relojes Beha en Philadelphia en 1876, Lorenz y Engelbert Beha,
refundaron la empresa familiar que pasó a llamarse Johann
B. Beha and Söhne. La palabra Beha referida
a relojes de cuco, es sinónimo de una excelente calidad. Los Beha nunca fueron
relojes “producidos en masa”; la producción fue más bien limitada,
y centrada siempre en conseguir una calidad excelente. Johann Baptist Beha, y sus hijos Lorenz y Engelbert, forman parte de la historia de la Relojería de la Selva Negra y su legado son sus magníficos relojes de cuco que aún hoy pueden apreciarse en museos, y colecciones privadas.
Ignatz Bruder fue el primero de una familia de constructores de instrumentos de música mecánica: relojes flauta, organillos, y órganos.
Nació en
Unterharmersbach, Selva Negra, el 31 de enero de 1780. Creció en un
ambiente pobre, y no tuvo
los medios para conseguir una buena formación académica. En 1797 se trasladó a
Francia para trabajar. En las ciudades francesas de Nancy y Mirecourt,
trabajó como en la
construcción. En estas ciudades se
fabricaban pequeños organillos, que atrajeron la atención del joven
Ignatz. Al lado de donde vivió,
en una modesta habitación alquilada, se encontraba un taller de
organillos, que despertaron su interés por la música mecánica. Ignatz Bruder, estuvo
2 años en Francia, y tras ese periodo, regresó a Simonswald en
la Selva Negra, donde siguió trabajando en la construcción, y también
como relojero durante el invierno. Hacia 1806 construyó el que sería su primer reloj flauta al que llamaría reloj de órgano. En Simonswald, fundó
junto con sus hijos un taller para fabricar relojes flauta. En el aspecto familiar,
la vida de Ignatz no debió ser fácil; de sus 18 hijos, 10 murieron
antes de los 21 años. En 1834 trasladó su taller a Waldkirch, donde continuó fabricando relojes flauta y organillos. En los últimos años de
su vida construyó órganos para iglesia, pero no tuvieron éxito. Por esa época, fue víctima
de una estafa de un fraudulento inventor de maquinaria agrícola, y
perdió mucho dinero. A pesar de este desastre económico pudo continuar
con su empresa. Ignatz murió en 1845,
dejando la empresa familiar a sus hijos. Dejó sus conocimientos
y experiencia, a sus hijos, en unos escritos que posiblemente son de
1809: 72 páginas manuscritas, llenas de notas, esquemas, dibujos,
lista de materiales, direcciones, en las que recogía toda la
información necesaria para la construcción de relojes flauta. En 1829, publicó un
libro en el que describe el arte de construir órganos. Los hijos de Ignatz Bruder, construyeron en 1864 una gran fábrica en Waldkirch, que dio a esta ciudad un gran prestigio en arte de la construcción de órganos.
Jacques
Vaucanson (1709 – 1782) Vaucanson fue un célebre constructor de autómatas francés, autor del famoso autómata “el Pato” (Le Canard de Vaucanson). Jacques Vaucanson, nació
en Grenoble, Francia, el 24 de febrero de 1709. Realizó sus primeros
estudios en lo que hoy es el Licée Stendhal, en Grenoble. En 1735 Vaucanson fue a
Paris; tenía 26 años y cargado de ideas filosóficas, se interesó por
la reproducción artificial de la vida. Sus primeros trabajos
fueron “anatomías móviles” que no terminó por falta de medios. Soñaba, según consta
en un documento oficial, “con construir máquinas capaces de excitar la curiosidad del público”. En 1738 Vaucanson
presentó ante la Academia de Ciencias francesa su primer autómata,
“Joueur de Flûte”, un androide
capaz de tocar una flauta interpretando hasta 12 obras; simultáneamente
presentó una Memoria explicativa del androide. R.Juvigny, contemporáneo
de Vaucanson, cuenta a propósito de las primeras exhibiciones públicas
del “Flautista de Vaucanson”: “En los primeros días, en los que apareció, las gentes no querían creer que era la flauta que tenía el autómata, la que sonaba. Se imaginaban que había un órgano alemán encerrado en el cuerpo de la figura. Los más incrédulos fueron pronto convencidos de que el autómata tocaba realmente la flauta, que el viento que salía de sus labios la hacía sonar; y que el movimiento de sus dedos formaba las diferentes notas. La máquina fue sometida al exámen más escrupuloso y a las pruebas más decisivas; fue permitido a todos los Espectadores ver los resortes más escondidos y seguir su ejecución”.
Vaucanson cuenta en la
Memoria del Flautista, que la idea de construirlo llevaba tiempo en su
cabeza, pero no quiso comenzar su construcción hasta haber estudiado a
fondo toda la técnica de ejecución de este instrumento. Se fija especialmente en
la forma de poner los labios y la presión de aire a aplicar para
obtener las notas graves o los tonos agudos., pasando de una octava a
otra por simple movimiento de los labios y por la modificación de la
velocidad del viento a la entrada de la flauta. La primera parte de la
Memoria se centra en el estudio de la técnica de tocar la flauta y la
segunda del mecanismo propiamente dicho. Un año más tarde construyó “The Tambourine Player" y su obra más famosa "Le Canard", (el Pato). El autómata “el
Pato”, consistía en un autómata que representaba a un pato que era
capaz de mover las alas, “comer y digerir granos”. Tenía del orden
de 400 piezas e imitaba fielmente los movimientos de un pato. Este autómata tuvo un
enorme éxito cuando se presentó en Francia; tiempo después Vaucanson
lo vendió a empresarios que exhibieron al autómata en Inglaterra y
Alemania. También fue exhibido en San Petesburgo, dentro de su
particular viaje, en el que causaba la admiración de cuantos lo veían. Hay testimonios de
personas que muchos años después se interesaron por averiguar el
destino de este singular autómata, que nos indican que tras un
deplorable estado de conservación fue paulatinamente degradándose por
erróneas tareas de reparación. “El pato” desapareció finalmente, pero han sobrevivido al paso del tiempo algunas imágenes de de esta ingeniosa obra de Vaucanson.
En Grenoble se encuentra
“El
Museo de autómatas de Grenoble”, donde se exhiben ingeniosos
autómatas y una reproducción de “Le Canard de Vaucanson”. Hacia el final de su
vida, Vaucanson ingresó en la Academia de Ciencias francesa. Murio en París, en
1782. Soñó con la reproducción artificial de la vida, e hizo realidad sus sueños construyendo sus fantásticos autómatas. |